Turismo corchero en Les Gavarres: un viaje a la esencia del bosque mediterráneo

Les Gavarres es tierra de alcornocales, un paisaje forestal emblemático que ha marcado la vida y la cultura de este macizo durante siglos. El alcornoque, que localmente recibe el nombre del mismo producto que nos da, corcho, es un árbol robusto y singular, bien adaptado a las exigencias del clima mediterráneo ya los fuegos forestales. Pero no solo configura el escenario natural, sino que ha sido el motor de una industria que ha dado identidad a pueblos como Cassà de la Selva, Palafrugell, Llagostera, Sant Feliu de Guíxols o Calonge.

Pel del suro a les gavarres

Hoy, el turismo corchero ofrece una experiencia única para descubrir este patrimonio natural y cultural. Tanto si eres amante de la naturaleza como si te interesa la historia o la gastronomía les Gavarres te invitan a explorar los alcornocales a través de rutas guiadas y autoguiadas que recorren caminos forestales, fincas bien gestionadas, masías con historia, árboles monumentales y miradores espectaculares. A cada paso podrás conocer las características de este bosque mediterráneo abierto, con un sotobosque rico en arbustos y una fauna diversa.

Una de las actividades más cautivadoras es la demostración del oficio de pelador de corcho, una tarea tradicional que requiere habilidad y respeto por el árbol. Durante la temporada de cáscara, varias entidades como el Consorcio de Les Gavarres o el Museo del Corcho organizan jornadas donde se puede ver en directo cómo se extrae la cáscara del corcho rematadas con un desayuno tradicional con producto local.

Sin olvidar la Fira del Tap i el Suro que se celebra anualmente en Cassà de la Selva, donde además de catas de vinos se puede conocer la forma tradicional de fabricar los tapones de corcho y visitar las fábricas que hoy en día los elaboran con los últimos avances tecnológicos.

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El turismo corchero en Les Gavarres es una manera de conectar con el territorio, entender su historia y contribuir a su conservación

Es una oportunidad para gozar de los sabores locales en un entorno natural privilegiado. La fiesta que acaba en la mesa cuando abrimos un buen vino o un buen cava, empezó muchos años antes en el alcornocal.